Catherine Meurisse tenía que estar el 7 de enero de 2015 a primera hora de la mañana en la reunión del equipo de diseñadores de la revista Charlie Hebdo. Su despertador no sonó. O quizás fue el insomnio que le producía su relación con un hombre casado el que le impidió escuchar la alarma.O quién sabe, quizás fue ella la que se olvidó de pone el despertador la noche anterior. O el destino el que lo apagó mientras dormía.  Sea como sea no llegó a esa reunión y, sin saberlo, se salvó del atentado sufrido por la publicación satírica francesa en el que fueron asesinadas a quemarropa 12 personas, entre ellas muchos compañeros de redacción que eran también amigos, maestros y mentores. Y con ellos, con su asesinato, Catherine perdió también la inocencia. Y su levedad.

‘La Levedad’, publicado en España por Impedimenta tras vender en Francia más de 80.000 ejemplares y obtener el Prix Wolinski de la BD du Point 2016, es la novela gráfica que nace de aquella tragedia, de un ataque sin precedentes contra la libertad de expresión. Es el cómic de una dibujante que tras el shock por lo sucedido creyó perder su identidad hasta que logró recuperarla a través de un proceso largo en el que su mejor psicóloga fue la belleza: la de la naturaleza, simbolizada por el mar. Y la del arte, que la rescató en su viaje a Italia. Es la historia de una mujer que tras sobrevivir al sinsentido del fanatismo y del terrorismo (“el terrorismo es el enemigo declarado del lenguaje”) tuvo que reaprender a vivir, a vencer a la culpa que invade a todo superviviente, a recuperar una levedad que no precisamente evoca superficialidad, sino todo lo contrario.Y ‘La Levedad’ es precisamente eso, belleza. Un canto al poder sanador de la belleza, a la posibilidad de revivir, de volver a sentir y a emocionarse, cuando te creías muerto, a través del arte, sin necesidad de que éste te haga padecer los síntomas del síndrome Stendhal; una oda al instinto de superación del ser humano, que siempre encuentra la forma de salir a flote, incluso en la más absoluta de las miserias o en la más triste de las desgracias. Como lo hace Catherine Meurisse a través de unas ilustraciones que empiezan en blanco y negro pero que página a página van recuperando el color, en lo que es una preciosa metáfora de su regreso al mundo de los vivos tras haber visto demasiado de cerca a la muerte.Dice la ilustradora francesa que el corazón guió la confección del álbum cuando ella sentía haber perdido cualquier capacidad de razonamiento. Recuperada ésta, la mente puso orden en el caos de dibujos y textos que Meurisse había ido dibujando en pequeños fogonazos de vida cuando todavía buscaba reencontrarse, recuperar una identidad manchada de dolor y de sangre un triste 7 de enero de 2015, cuando un despertador que no sonó empezó a dar forma a un maravilloso libro que jamás debería haber existido.

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